Hay destinos que se disfrutan una vez… y otros que dejan una huella tan profunda que nos hacen pensar en el próximo viaje antes incluso de haber regresado a casa. Esa conexión especial —mezcla de paisajes, cultura y emociones— fue el eje de un relevamiento internacional realizado por Time Out, que reunió la opinión de más de 8.000 viajeros para descubrir cuáles son los países que más ganas despiertan de volver.
El resultado es un ranking diverso y fascinante, donde la naturaleza, la historia y la autenticidad son protagonistas.
En el primer lugar aparece Costa Rica, un verdadero santuario de biodiversidad. Selvas exuberantes, playas soñadas y parques nacionales protegidos convierten al país centroamericano en un ejemplo de turismo sostenible. Muchos viajeros combinan la energía de San José con el misticismo del Bosque Nuboso de Monteverde, las arenas de Tamarindo o la vida salvaje de Manuel Antonio. Para quienes buscan algo más remoto, la Península de Osa ofrece aventura en estado puro. El espíritu “pura vida” no es solo un lema: es una forma de sentir el viaje.

Italia, en el segundo puesto, demuestra que siempre hay algo nuevo por descubrir. Más allá de Roma, Florencia o Venecia, el encanto está en perderse por pueblos medievales, recorrer rutas gastronómicas o disfrutar de la hospitalidad local en trattorias familiares. Su combinación de arte, historia y cocina inolvidable convierte cada regreso en una experiencia distinta. Primavera y otoño suelen ser ideales para evitar multitudes y disfrutarla con más calma.

El tercer lugar es para Japón, un país donde la tradición ancestral convive con la tecnología más avanzada. Templos silenciosos, festivales coloridos, barrios futuristas y una cultura marcada por el respeto y la armonía generan un impacto duradero. Muchos viajeros vuelven para explorar regiones menos conocidas o vivir la experiencia del florecimiento de los cerezos en primavera.
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En Reino Unido, la historia se respira en cada rincón: castillos, museos de talla mundial y ciudades vibrantes como Londres, Edimburgo o Manchester. Pero también hay paisajes rurales que parecen salidos de una novela. La diversidad cultural y musical invita a regresar una y otra vez.

Portugal conquista con su escala amable y su autenticidad. Desde las callecitas empedradas de Lisboa y Oporto hasta los viñedos del Douro o las playas del Algarve, el país ofrece sabores intensos, fado melancólico y atardeceres memorables. Ideal para recorrer sin apuro.

En contraste, Emiratos Árabes Unidos deslumbra con rascacielos futuristas, lujo y desiertos infinitos. Dubái y Abu Dhabi combinan innovación y tradición, zocos antiguos y arquitectura de vanguardia, en una experiencia que siempre tiene algo nuevo para sorprender.

India seduce por su intensidad: colores, aromas, templos milenarios y celebraciones multitudinarias. Cada región es un universo distinto, lo que hace imposible abarcarla en un solo viaje.
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Para los amantes de la aventura, Nueva Zelanda es sinónimo de naturaleza indómita: montañas, lagos cristalinos y escenarios de película. Senderismo, deportes extremos o simples recorridos panorámicos justifican más de una visita.

Irlanda, con sus paisajes verdes y su calidez inconfundible, ofrece pueblos pintorescos y música tradicional en pubs donde el tiempo parece detenerse.

Cierra el ranking Islandia, tierra de volcanes, géiseres y auroras boreales. Su geografía impactante y su carácter remoto transforman cada viaje en una experiencia casi épica.

Más allá de las diferencias culturales y geográficas, todos estos destinos comparten algo: generan una conexión emocional que trasciende la postal. Son lugares que invitan a quedarse… o, al menos, a empezar a planear el regreso. ¿Cuál sería el primero al que volverías?



