Islandia no es solo un destino Instagram: es el playground perfecto para los que quieren desafiarse en la montaña y terminar el día relajados en una terma natural.
Si sos de los que se pregunta «¿por qué voy a caminar en el frío cuando puedo estar en la playa?», te entendemos. Pero Islandia tiene un truco que la mayoría de destinos no ofrece: paisajes que parecen sacados de otro planeta, donde volcanes, glaciares y campos de lava se combinan para crear una experiencia que no encontrás en ningún otro lado. Y lo mejor es que las rutas de senderismo aquí no son solo para alpinistas extremos. Hay opciones para todos los niveles de forma física, aunque admitamos que pisar tierra islandesa requiere un poco de coraje y mucho espíritu aventurero.
Reykjadalur: donde el senderismo termina en un baño de agua caliente

Acá está la magia: 8 kilómetros de caminata ida y vuelta, unos 347 metros de desnivel, y al final te espera un río termal con pozas naturales a 38-41 grados. No es broma. Desde Reikiavik solo te separan 40 minutos, lo que la convierte en la excursión favorita de los locales. La ascensión es bastante amable, aunque hay algunos tramos con pendientes que te van a hacer sentir que estás haciendo un verdadero esfuerzo. Pero cuando llegás a las termas y te metés en el agua tibia mientras mirás las montañas nevadas alrededor, te juro que entendés por qué Islandia se roba el corazón de quien la visita. Un consejo de viajero: madrugá. Si salís al alba, podés tener las pozas prácticamente para vos solo, y créeme, eso no tiene precio.
Landmannalaugar: montañas de colores que desafían la realidad

Acá es donde Islandia suelta todo su arsenal de belleza natural. Las montañas de Landmannalaugar son famosas por sus tonalidades imposibles: verdes, amarillos, rojos, azules. Pareciera que alguien pintó la geografía con un crayón de colores descontrolado. Desde el centro de visitantes podés hacer caminatas que van desde 1 hasta 4 kilómetros, perfectas para combinar según tu energía del día. Vas a pasar por campos de lava brutales, vas a ver fumarolas que lanzan vapor desde las entrañas de la tierra, y vas a tomar fotos que van a competir con postales profesionales. Y después, si todavía tenés cuerda, hay termas naturales justo al lado del centro. La única advertencia: para llegar acá con auto necesitás un vehículo 4×4, porque hay tramos donde tenés que vadear agua. No lo intentes con un auto de alquiler normal, a menos que quieras quedarte tirado en el medio de la nada.
Fimmvörðuháls: para cuando querés un desafío de verdad

Si las otras rutas te quedaron cortas, esta es tu prueba de fuego. 25 kilómetros entre Skógafoss y Thórsmörk, donde caminás entre volcanes, cascadas espectaculares y bosques de abedul que son lo más parecido a un cuento de hadas nórdico. Es una jornada completa que te va a dejar las piernas con ganas de retirarse, pero tu espíritu va a sentirse invencible. La vista de la cascada de Skógafoss desde arriba es de esas que te hace replantear la vida.
Viajar a Islandia desde Argentina significa invertir entre 1.200 y 1.500 dólares en vuelos internacionales, más alojamiento y logística. No es económico, pero es uno de esos viajes que justifica cada peso. Porque cuando volvés, no volvés igual. Las montañas de Islandia se quedan dentro tuyo.





























