Hay una forma de visitar Mendoza que te cambia la perspectiva para siempre: pedaleando entre bodegas, con los viñedos como telón de fondo y el aroma del vino en cada parada.
Si pensás que el ciclismo en Mendoza es solo para deportistas extremos, estás equivocado. La zona de Chacras de Coria es el lugar donde la bicicleta se convierte en tu mejor aliada. Podés pasar una mañana completa recorriendo a ritmo tranquilo, sin necesidad de estar en forma olímpica, descubriendo tres o cuatro bodegas mientras las álamos te regalan sombra constante. El terreno es completamente plano, las distancias son cortas —apenas kilómetros entre una finca y otra— y el paisaje es de esos que te pide que bajes del sillín solo para respirar bien.
Chacras de Coria: donde la bicicleta tiene todo a su favor

Esta región es la joya oculta del ciclismo de vino en Mendoza. A diferencia del Valle del Uco, donde los recorridos son más largos y el viento de la tarde puede convertir la experiencia en un desafío, Chacras de Coria fue diseñada para vos. Las bodegas están distribuidas estratégicamente, las carreteras son tranquilas y bordeadas por esos álamos centenarios que hacen que el paseo sea casi meditativo. No necesitás equipamiento sofisticado ni entrenamientos previos. Solo una bicicleta decente, una mochila ligera y la disposición a dejarte sorprender.
Lo mejor de todo: la estrategia es simple pero efectiva. Salís temprano, cuando todavía hay frío y la luz es suave. Pedaleás durante dos o tres horas, visitando bodegas boutique donde los viticultores te reciben como si fueras un viejo amigo. Luego, alrededor del mediodía, dejás la bicicleta guardada y dedicas el resto del día a las degustaciones generosas que caracteriza a Mendoza. Terminas con un almuerzo largo en algún restaurante tradicional, sin culpa. Sin necesidad de volver a subirse al sillín.
Por qué funciona mejor que cualquier tour en auto

Existe algo mágico en moverse a velocidad de bicicleta por un viñedo. No es la velocidad de un auto —que te roba detalles— ni el agotamiento de una caminata larga. Es el ritmo justo para conectar con el paisaje, para sentir el cambio de temperatura, para notar cómo los viñedos se transforman según la luz. Además, llegás a bodegas que los grandes tours no cubren, lugares donde el dueño te muestra personalmente sus barriles y te explica por qué su Malbec es distinto. Son encuentros auténticos, no transacciones turísticas.
Y hay un detalle práctico: la bicicleta es la forma más ecológica y económica de explorar. Sin ruido de motor, sin consumo de gasolina, sin saturar el espacio con buses. Solo vos, la bicicleta y el sonido de los pájaros.
Planificá tu mañana perfecta

Alquilar una bicicleta en Mendoza es accesible. Podés organizarte con operadores locales que te proponen itinerarios según tu nivel. La recomendación es comenzar en Chacras de Coria, que está a pocos minutos del centro mendocino. Llevá agua, protector solar y un poco de efectivo para las degustaciones. Avisale a las bodegas que vas a llegar en bicicleta —muchas ofrecen estacionamiento seguro—. Y sobre todo, no tengas prisa. El objetivo no es terminar rápido, sino volver a tu hotel al atardecer con las piernas cansadas, la mente despejada y las historias de vino que solo obtenés cuando pedaleás entre los viñedos.
Mendoza espera. Y esta vez, no necesitás autopista ni aire acondicionado para sentirla de verdad.





























