Enclavado en la región de Villa La Angostura, Neuquén, este destino es un rincón de la naturaleza que despierta los sentidos y el asombro de quienes lo visitan.
Este singular bosque, situado en la península de Quetrihué, forma parte del Parque Nacional Los Arrayanes y es famoso por sus arrayanes, árboles con una corteza de tonos cálidos que los convierte en una verdadera joya natural. Durante la primavera y el verano, las flores se convierten en la principal atracción de este lugar al crear un espectáculo visual impresionante.

Una aventura inolvidable
La mejor manera de explorar este paraíso es embarcarse desde Villa La Angostura. Navegar por las aguas del lago Nahuel Huapi es una experiencia que va a permitirte sumergirte en un mundo de belleza natural. Otro alternativa son los senderos habilitados, los cuales les ofrecen a los visitantes la oportunidad de explorar el bosque a pie, descubriendo la magia que encierran sus rincones.
Un dato anecdótico: cuentan que Walt Disney se inspiró en el bosque de Arrayanes para crear su película Bambi. Uno de los atractivos del lugar es justamente la «casita de Walt Disney», una cabaña de madera que se encuentra en el mencionado bosque.

Un paseo por la naturaleza
Caminar entre los arrayanes, cuyos troncos retorcidos y corteza canela parecen sacados de un cuento de hadas, es un viaje a la fantasía natural. Una buena propuesta a tener en cuenta es que, durante tu visita, escuches el susurro del viento en las hojas y admires la fauna local, como el pudú, un pequeño ciervo que habita la región.

Un tesoro natural y cultural
Además de su impactante belleza, el Bosque de Arrayanes es un tesoro de conservación. Protegido por el Parque Nacional Los Arrayanes, este entorno frágil se mantiene en su estado natural para las futuras generaciones.

El nombre científico del Arrayán es Myrceugenella apiculata. Se estima que estos árboles nativos, junto a los de la Isla Victoria, tienen alrededor de 300 años. El arrayán es muy alto, ya que pueden alcanzan unos 25 metros de altura. Sumado a esto, su imponente tronco puede llega a alcanzar unos 50 centímetros de diámetro y es sumamente retorcido. La corteza, de color canela cubierta de manchas irregulares blancas, está siempre fría aunque suave al tacto se desprende en placas. Las flores son pequeñas y blancas, similares al azahar y sus frutos violáceos con los que los indígenas elaboraban chicha y dulce. En medicina popular, con las hojas se prepara una infusión para calmar dolores musculares y afecciones intestinales.





























